¿Estaba triste acaso?
¿Se hacía la sexy?
¿Pensaba en algo quizás?
un poco de todo, mucho de nada, razones, reflexiones y cualquier cosa cercana...
Con el correr de los post me fui dando cuenta de cuales son mis palabras preferidas.
Este es mi top 5 de palabras
1. Bufanda
2. Tobogán
3. Barrilete
4. Mamarracho
5. Todavia no se... ya aparecerá
Pnz
Una mañana como tantas otras del reciente invierno fui al Hospital Borda. Me quedé rondando en la puerta del aula esperando que empiece la clase de psiquiatría. Los pacientes internados pueden caminar libremente por los pasillos del hospicio y, usualmente, se acercan a pedir cigarrillos o monedas.
Ese día, mientras me distraía con el celular, se acercó una persona. Levanté la mirada y note su aspecto particular, con una larga barba blanca de muchos meses, completamente despeinado y con signos claros de no haberse aseado en los últimos días. Se aproximó y me dijo que era poeta y que quería leerme el poema que había escrito. Sacó algunas hojas de su bolso, las colocó frente a sus ojos y comenzó a recitar sus palabras que habían sido volcadas en papel.
Me quedé quieto, inmóvil, escuchando absolutamente sorprendido. Al finalizar su relato sacó de su bolso una copia de su poema y me la entregó. Me dijo gracias y se fue caminando dibujando ondulaciones con su paso.
Cuatro hojas me entregó, completamente rellenas de oraciones. Aquí les trascribo lo que pude deducir de esas paginas de letras, a veces, incompresibles, repletas de frases tachadas, sin alineamientos, pero llenas de magia e intriga.
Poema escrito por una persona internada en el Hospital Borda.
Debo pedir por favor que me des tu mano
Me encuentro rendido, estoy bajo el sol
Ana no duerme, espera el día
Tengo la vida, en la paciencia exterior
Hubo una vez un pez que volaba
Y una serpiente también
Grandes montañas
Lagos, (…), pescadores, gruyas.
Y el nuevo mundo
Sin Dios y en libertad
El tiempo otro
Nuevo el continente hoy
Abre los ojos… despacio
Acaricia el sagrado objeto
Toma la pluma, la tinta en el papel
Respira profundo, estudia y allí (…)
Debo pedirte por favor que me des tu mano
Me encuentro rendido, estoy bajo el gran sol
Y las cigüeñas (…), rojo y distante
En los atardeceres de las selvas
Y zapatos antiguos de Osaka
Y un te humeante, una bebida fuerte (alcohol)
Y un kimono de seda
Dragones de la festividad, fuegos artificiales
Y música excitante
Y también un país de la nieve
Y cerezos al sol del invierno
Se cierra una mampara
La geisha va, por ley
A descansar
Pintada su cara plástica y (…)
De teatros antiguos
Con su abanico
Juega con sus hijitos
Se esconde y vuelve a aparecer.
Toma te de rosas
Exquisito sabor
Rojas oscuras
Y blancas jazmín te
Les acomoda el almohandocito a sus hijitos
Y le dice… descansa
Descansa hija, mi niña bien amada
Suyi cierra sus ojos
Y Oghigu le canta
Es hora de soñar
Con labores y hermosas cosas
De lo antiguo y (…) en madera
Volátiles, lee el cuento antiguo
Sueña y descansa
Tu tiempo llego
Aquí estoy
Aquí es (…), de artesana tu de paz
Y lo salvaje, y la estirpe de las viejas tribus
Te cuidaran
Sueña niña sueña y atrévete
Y valor
La noche es grande… vuela tu en paz.
La piel del abdomen colgaba como si su cuerpo estuviera envuelto en un traje que no solo no era la suyo sino que era varios talles más grandes. Todo su cuerpo como una fiel muestra de la rápida pérdida de peso en poco tiempo. Treinta kilos en un par de años me contaría mas tarde. Sus brazos estaban enflaquecidos y parecían incapaces de ser útiles acaso para apoyarse en el colchón de la cama y levantar su torso. Ambos antebrazos mostraban fuertes marcas violáceas oscuras producto de las punciones con agujas.
Una prisión. Esa fue la palabra que usó para describir su internación. Una prisión. Aunque solo manejara solo un hilo de voz ronca, se las ingenió para acentuar cada sílaba. Era una de esas voces que solo llegan a hacerse oír por un esfuerzo mayor. Se notaba en el cuello. Los músculos completamente tensos marcando fuertemente sus bordes.
Cuando llegué estaba confundido y tardó en reconocerme. Algunos segundos de vacilación mas tarde tuve la certeza que sabia quien era y los motivos de mi presencia en esa habitación. Para sincerarme, a mi también me costó reconocerlo. Nunca lo había visto así de flaco. Y blanco. Una palidez que se notaba en sus ojos.
PnZ
El ruido del viento contra las hojas produce un crepitar suave. El aire fresco invernal logra entorpecer mi sentido del olfato, no puedo percibir el aroma de julio. El cielo tiene ese típico color azul violáceo de un anochecer de esta estación. El profundo púrpura moteando al abismal color marítimo donde asientan miles de estrellas que invitan a ser contempladas largamente. Suspiro y dejo salir el aire cálido en forma de humo. Empiezo a sentir que el pulmón se congela. El frío en miles de partículas recorriendo mi cuerpo. Entro al bar de la esquina. Una noche bajo el cálido abrazo de una estufa y un café. Restriego una mano con la otra buscando sentir mis dedos.
Pnz