un poco de todo, mucho de nada, razones, reflexiones y cualquier cosa cercana...

martes, 5 de febrero de 2008

Diario de viaje # 1

Aclaración: Antes que nada me gustaría aclarar que el diario no va a aparecer en orden cronológico. Irán apareciendo diferentes anecdotas de los días pasados en el sur según un orden no establecido, siguiendo un criterio indeterminado, contando lo que me apetezca en el momento. Desde ya perdón por las confusiones y ojalá lo disfruten.
20 de Enero de 2008 - Ushuaia
Nos despertamos al mediodía tras una noche que terminó a las cinco de la mañana. Aunque es difícil saber que día es en vacaciones, el aire dominguero se sentía. No había ruidos y todo era paz. El hostel estaba vacío, todos los habitantes de esas habitaciones se habían despertado más temprano y se habían ido a algún lado.
Como nos habíamos echo amigos del encargado del hostel, organizamos el almuerzo juntos. Pablo era chef, se había dedicado a la cocina durante mucho tiempo, así que nos invitó unas pizzas caseras increíbles. Comimos como cerdos junto a él y a nuestras amigas ushuaienses Nadia, Natalia y su hija Candela. Luego de una prolongada sobremesa emprendimos camino hacia Playa Larga.
Manejamos hasta la entrada, apenas pasando un faro azul. Descendimos del auto y nos dispusimos a caminar. El camino era de tierra, tortuoso, con curvas, subidas y bajadas, todo rodeado de árboles y oscuridad. Sombras por todos lados y, hacia la derecha, a unos quince metros, se veía el mar.
Tras varios minutos de caminata llegamos a un claro. Un prado verde enorme, sin ningún árbol, con pequeñas ondulaciones, completamente lleno de pequeñas flores de pétalos blancos y algunas más grandes y aisladas amarillas. El pasto era esponjoso, se sentía como acolchonado. Hacia delante solo un pequeño monte al que subimos y luego bajamos para rodearlo por un estrecho sendero que nos llevó hacia un arroyo lleno de piedras y troncos. Siguiendo por el costado del agua llegamos a su desembocadura en el mar. Nos subimos a unas rocas y veíamos todo el Canal de Beagle y, mas atrás, montañas nevadas y nubes gigantes que tapaban su picos. Nos quedamos ahí un par de horas. Mate, guitarra y charla mientras nos asombrábamos por el paisaje que nos rodeaba.
Cerca de las nueve empezamos la vuelta. Menos mal que el sol recién se ponía pasadas las diez, sino hubiese sido bastante tétrico.
...PnZ!

1 comentario:

Mentalmente estúpida dijo...

Está bueno contar ese tipo de anécdotas, ¿por cuánto tiempo estuviste de vacaciones? Por lo que veo, mucho!!!

Ahh, por lo que me preguntaste en mi blog, esa historia paso cuando tenía 18 años, o sea hace dos años y medio, justo antes de conocer a Chocolat.

¡Besitos! Voy a esperar tu otra anécdota =).