un poco de todo, mucho de nada, razones, reflexiones y cualquier cosa cercana...

jueves, 7 de febrero de 2008

Diario de viaje # 2

27 de Enero de 2008 – El Chaltén

Tras una buena dormida que nos ayudó a recuperar las fuerzas necesarias para la travesía planeada para este domingo comenzamos la caminata a las once de la mañana. Elegimos el sendero que nos llevaría hacia el Fitz Roy. De movida el recorrido era en subida. Caminábamos por un sendero de un metro de ancho varios metros y, cuando nuestro corazón se agitaba demasiado, parábamos algunos minutos hasta reponernos. Todo nuestro alrededor era paisaje bellísimo. Cada vez más alto. Cada tanto había miradores. Ahí era cuando nos dábamos cuenta lo alto que llegamos. El sendero variaba en pisos de tierra, arena, rocas. Alrededor todo bosque con árboles de todas formas, ramas que se entrecruzaban formando figuras extrañas. Luego, aparecían claros donde el sol pegaba fuerte. No podíamos decidirnos y el buzo entraba y salía de nuestro cuerpo según el momento. Por momentos parecía la comarca del señor de los anillos. Con pastos verdes sin mucha elevación.
Luego de dos horas llegamos a la Laguna Capri. Muy fría, pero su agua era deliciosa. Cargamos nuestra botella y seguimos camino. Luego llegó Poincenot. Nos desviamos del sendero y fuimos por unas rocas blancas hasta la base del Cerro Fitz Roy. Caminamos por el borde de un río y volvimos a nuestro sendero que nos llevó hasta Río Blanco. Paramos ahí y, en un refugio en medio de la montaña, cocinamos unos fideos con tuco. Nos relajamos tirados al leve sol que pegaba en nuestros rostros hasta que las insoportables moscas gigantes nos obligaron a seguir. Recargamos la botella una vez más y emprendimos la caminata hacia la Laguna de los tres. Nos advirtieron que era difícil, empinado y largo el camino, pero que valía la pena. Y si que fue difícil. No solo por la dificultad del camino, sino que ya llevábamos tres horas caminando. En fin, le pusimos ganas, caminamos obstinados en llegar. Las paradas fueron un poco mas frecuentes. La gente que volvía de la laguna nos daba fuerzas para seguir, nos motivaban diciendo que valía la pena. Y fue cierto nomás. Una laguna redondeada increíble, de un turquesa fuerte, coronada por detrás con los cerros Fitz Roy y sus dos compañeros a su derecha, el Poincenot y el Saint-Exupery. Una imagen espectacular, una visión solo posible desde el lugar donde estábamos, un lugar invisible desde otro lado. Era un paraíso escondido, un oasis. Valió todo el esfuerzo y todo el dolor en nuestras rodillas que sufrimos después. Apenas el frío comenzó a sentirse fuerte emprendimos el retorno.
La vuelta fue dura. Lo que era empinado mientras subíamos ahora era muy difícil de bajar. Tras resbalones, pasos seguros y lentos, y mucho pero mucho de caminar llegamos al camping a las nueve de la noche. Por supuesto no duramos mucho más. La cena rápida y silenciosa y a dormir.

1 comentario:

Agustina dijo...

Es lindo darse cuenta de que el esfuerzo que uno realiza da buenos resultados.
Volveré mañana para seguir leyendo más anécdotas :)